Disparidad entre regiones

Señor director:

El proceso de regionalización cumple más de 40 años. Desde su inicio ha presentado falencias; entre ellas, me detengo en el crecimiento dispar entre regiones. En 2014, el PIB de Antofagasta, la región con mayor ingreso per cá- pita del país, superó en ocho veces el PIB per cápita de La Araucanía, la región más débil.

Paradójicamente, se planteó como solución para potenciar a las ciudades de Valdivia y Arica -aparentemente desplazadas por sus regiones de origen- otorgarles la calidad de nuevas regiones. Una primera lectura nos hace pensar que ese camino sería erróneo; sin embargo, los resultados en materia de crecimiento sí han sido favorables.

Si tomamos la media geométrica de crecimiento del PIB de Arica y Parinacota entre 2009 y 2014, éste alcanzó un 2,6% anual, lo que se compara favorablemente con el 0,5% de la región de Tarapacá, de la cuál nació. Por su parte, Los Ríos en igual período alcanzó un crecimiento promedio de 5,7% respecto de un 3,4% de Los Lagos, desde donde se descolgó en 2008.

Estamos a poco tiempo de ver nacer una nueva región denominada Ñuble, que esta vez debería potenciar el crecimiento de Chillán. ¿Debemos entonces creer que la solución para las economías locales más débiles siempre deba pasar por otorgarles una nueva región? Claramente no.

No tiene sentido un modelo en el que tengamos tantas regiones como centros urbanos. El foco debe estar en dar mayor autonomía a las regiones en materias de legislación laboral, tributaria y manejo presupuestario, acorde con su realidad y estructura productiva.

Esto es solo el inicio de una larga agenda de desarrollo regional profundo. La multiplicación de regiones para abordar los temas locales es una propuesta que debiera culminar con Ñuble.
Guillermo Yáñez
Decano Facultad de Economía y Negocios Universidad Santo Tomás

Fuente: La Tercera