Educación: después de la interpelación

Tuvo lugar la interpelación al ministro, aunque en relación a las expectativas quedó una sensación que quedamos en el mismo lugar que el día anterior. Por sobre todo, se esperaba saber más del contenido de  los proyectos que vienen y  del tema de la calidad, donde todavía se ignora casi todo lo que se propone  al respecto.

Por cierto no ayudó que al igual que otras veces que se debate algo de importancia, las tribunas se llenan de verdaderas barras bravas, que sólo pueden llegar allí a través de invitaciones de los mismos parlamentarios, de todos los sectores. Tampoco contribuyeron mucho los propios diputados con sus tuiteos irónicos. En ambos casos, una evidencia más de los serios problemas de educación cívica que tiene nuestro país.

Quizás hay un problema con las propias interpelaciones, que no han ayudado mucho por ser una institución más propia de un sistema parlamentario que de un sistema presidencial, ya que en el primero tiene consecuencias que hasta pueden conducir a la caída de un gobierno a través de un voto de confianza,  mientras que en un sistema presidencial no produce efecto alguno, por lo que se puede preguntar lo que se quiera y el interpelado responder lo que se le ocurra.

El resultado ha sido hasta el momento un mayor alejamiento de la ciudadanía hacia el gobierno y el Congreso, es decir, no hay ganancia alguna para ninguno de los poderes del Estado, por lo que queda una sensación a veces equivocada pero real de inutilidad.

Lo que sí hubo fueron novedades formales en relación a interpelaciones anteriores, ya que ambos intervinientes lo hicieron más en términos de su impacto visual en la imagen televisiva que en el contenido discursivo. Hubo mucha utilización de ejemplos concretos, con nombre y apellido, y el uso de gráficos y cuadros en preguntas y respuestas. Hubo espectáculo, pero no un debate de nivel.

Sin embargo, no se supo de cosas nuevas en lo medular, sólo en lo tangencial. Peor aún, no hubo clarificaciones de temas de gran interés público.

En otras palabras, no se avanzó ni se despejaron dudas en temas tales como lo que viene para la educación pública, profesores, el rol  de apoderados, el punto de inicio, hoja de ruta y destino final de la reforma. Poco se agregó en educación superior y todo conocido, además de mencionarse que “había sido conversado con los rectores”, lo que no es cierto de nuestra Corporación que representa el 24,2 % del estudiantado universitario, ya que nunca hemos sido recibidos por el ministro.

Tampoco supimos más de la inclusión, de la formación de mejores ciudadanos a través de la educación ciudadana como objetivo educacional, que la igualdad no sólo debe ser social sino también territorial, y como va a afectar la desmunicipalización al objetivo descentralizador del propio gobierno.

Interrelación Ministro de Educacion Camara de Diputados

Del mismo modo, nada se nos informó acerca de cuán equipado y preparado está el propio ministerio para conducir una reforma de esta envergadura. Además, quedó en el aire el tema constitucional de la autonomía y si sólo se va a operar  a través de leyes o  también se van a usar reglamentos y fijaciones administrativas para tener o no acceso a fondos públicos, y si las condiciones van o no a respetar el principio de igualdad ante la ley.    

Desgraciadamente, lo que abundó fueron repeticiones, tanto en preguntas como en respuestas, lo que dio la imagen de una conversación sorda, hasta en la dificultad de prestarse atención mutua a lo que decía el otro, tiempo y gestos que pudieron aprovecharse en asegurarnos una preferencia por los más vulnerables, como derecho, y no como premio o castigo a la institución donde estudian.

Temas técnicos de tanta importancia como el Marco Nacional de Cualificaciones o Créditos Transferibles o la formación de los profesores brillaron por su ausencia.  

La conclusión es que todavía seguimos sin saber lo suficiente acerca de la calidad, a pesar que la palabra fue mencionada en muchas ocasiones.

Queda ausente lo más importante de toda reforma: un acuerdo nacional para que perdure en el tiempo más allá del ciclo económico y electoral.

Por sobre todo, es una pena que no se haya hecho alusión a los Diálogos Ciudadanos convocados por el propio ministerio, que fueron inéditos, y donde al menos en educación superior se llegaron a importantes consensos entre todos los actores, y es una pena que el propio ministerio no los difunda,  ya que es un logro que podría ser la base de una futura legislación.

Fuente: La Tercera