El 50% de universitarios de primer año padece el síndrome de postergar todo

Miles de jóvenes se enfrentarán desde la próxima semana a los desafíos que implica el primer año en la universidad, como la autonomía y la falta de hábitos de estudios, entre otros. En el intento, muchos desarrollan un síndrome relacionado con la motivación: la incapacidad para organizarse. Expertos dan consejos acerca de cómo evitarlo.

“Mi trabajo se lo comió el perro”, “tuve que viajar a ver a mis padres”. Las aulas universitarias están llenas de excusas como éstas, especialmente entre los alumnos de primer año. Certificados médicos, pastillas para rendir, todo sirve para postergar un trabajo o para “salvar” el promedio a última hora. Las universidades han desarrollado técnicas especiales para disminuir el problema: la mayoría de las clases de primer año tiene carácter de obligatoria; hay centros especializados en enseñar técnicas de estudio; o bien se copan los horarios de las primeras semanas a fin de evitar el tiempo libre.

Es que si bien el postergar hasta el último minuto o no cumplir con los plazos es algo normal y se estima que todos, en algún momento de la vida, han caído en esta trampa de la mente, que busca evitar la realización de una actividad tediosa en post de otra que da satisfacción inmediata, entre los universitarios el tema llega a niveles problemáticos. “Todo el mundo posterga, pero no todos son postergadores”, dice el sicólogo de la U. de DePaul, EE.UU., Joseph Ferrari. Se estima que el 25% de los adultos es postergador, mientras que entre los universitarios, la cifra supera el 50%. La mayoría es de primer año.

Cuando los alumnos faltan a clases o postergan trabajos es cuando existe un problema. “El no cumplir con los plazos es la primera señal de alarma. La segunda, cuando hay síntomas ansiosos derivados del tener cosas pendientes”, dice la sicóloga de la UC Isidora Mena. Ent0nces bajan las notas y pueden terminar desertando. Según estadísticas de los planteles, el 50% de los estudiantes con promedio rojo es de primer año; mientras que, según el Consejo Nacional de Educación, uno de cada cinco universitarios deserta a los 12 meses.

A la tradicional mayor libertad y autonomía que existe en primer año, se agrega el que hay múltiples factores que generan ansiedad. Y, según estudios, a mayor ansiedad, mayor es la postergación. “Los jóvenes deciden su proyecto de vida, muchos están alejados de sus familias y bajan sus notas”, dice Isidora Mena.

También está el no tener resueltas habilidades que se supone adquiridas, como los hábitos de estudio. “Si los universitarios saben tomar apuntes con sentido (no en forma literal), este proceso ya no les ocupa atención y la  mente está libre para entender la clase”, dice la sicopedagoga Josefina Santa Cruz. Y agrega: “De lo contrario, la mente está ocupada y no queda energía para planificar, que es una función sofisticada, porque implica monitorear y evaluar una actividad”.

Por eso, las universidades tienen planes específicos para reducir esos vacíos. En la U. Andrés Bello, dentro de una política que partió este año, destaca una capacitación a los profesores para cambiar sus metodologías cada 15 minutos a fin de acostumbrar a los alumnos al nuevo ritmo. “En los últimos años, tú puedes hacer una clase de una hora seguida, pero no en primero”, dice Yasna Carrión, de Apoyo y Desarrollo Estudiantil del plantel.

Mientras que en la UDD, la mayoría de los ramos de primer año tiene asistencia obligatoria y se insta a los directores de carrera a fijar muchos trabajos las primeras semanas, a fin de evitar el tiempo libre. “Ante el primer síntoma de no venir a clases, se sugiere a los alumnos ir al Centro de Apoyo al Desempeño Académico, donde les enseñan técnicas de estudio”, dice Florencia Jofré, vicerrectora de pregrado de la sede Concepción de la UDD.

CÓMO EVITARLO

Reconocer los factores que hacen del primer año un período difícil. Cuando se reconocen las cosas, es más fácil enfrentarlas.

La lógica tradicional es tomar un recreo y luego estudiar. Sin embargo, es conveniente hacerlo al revés. El tener cosas pendientes produce ansiedad.

Enfocarse en los procesos, no en los resultados, esto es, no en la nota, sino en tomar apuntes adecuadamente. Preguntar si hay dudas.

Terminar un trabajo antes de empezar otro, especialmente las personas con déficit atencional.

Planificar y actuar. Las tareas que producen más aversión son aquellas que no se sabe cómo efectuarlas. Al actuar, reducir al máximo las distracciones: cerrar el email y las ventanas de internet.

Fuente: La Tercera, P. Salazar / E. Simonsen.