El nuevo perfil de los estudiantes vespertinos: el 53% tiene menos de 25 años

Los jóvenes que eligen la jornada de la noche para estudiar una carrera ya no son mayores de 30 años, que buscaban una segunda alternativa profesional. Hoy, un 25% tiene entre 18 y 21 años, y un tercio, entre 22 y 25 años. Muchos trabajan de día para financiar su primera profesión. Según los planteles, son más responsables.      
   
Un año de trabajo bastó para que Estefanía Rodríguez (19) se decidiera a pagar con sus propios medios la carrera de sus sueños. Cuando egresó de cuarto medio en 2008, sus padres solicitaron un crédito, pero el banco no se los dio. Al término de ese año, Estefanía ya lo tenía claro: estudiaría Ingeniería Comercial en la U. Santo Tomás durante las noches.

“Mis papás me decían que cómo iba a estudiar de noche si era tan chica, pero se acostumbraron. Así, puedo trabajar en lo que me gusta, aunque también es complicado, porque tengo que salir corriendo del trabajo para llegar a la universidad, y eso cansa”, asegura.

En los últimos cinco años, el perfil de estudiante vespertino ha cambiado. De personas casadas y mayores de 30 años, que buscaban en la jornada de la noche una segunda carrera, pasaron a ser jóvenes recién egresados del colegio y para quienes esta alternativa es la primera opción de estudio.

Según el último informe del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (Sies), el 53% de los estudiantes vespertinos tiene entre 18 y 25 años, mientras que sólo el 12% tiene entre 31 y 35.

“Desde hace cinco o seis años notamos que el 80% del régimen vespertino tiene entre 18 y 25 años. Hace 10 años era mayoritariamente gente casada, pero hoy ellos son sólo un 20%”, relata Camilo Melis, director de la Escuela de Contador Auditor Vespertino de la UDP. En esa escuela, la mayoría de los alumnos proviene de colegios técnicos, de donde salen con un título de contador. Luego trabajan dos años y entran a la universidad.

El cambio de edad también se ve reflejado en universidades como la Técnica Federico Santa María de Santiago, Andrés Bello y Santo Tomás. En esta última, la matrícula de los alumnos vespertinos entre 18 y 26 años creció en un 93% en los últimos cinco años. En la Unab, en tanto, el grupo etáreo entre 18 y 24 años se incrementó de 516 en 2008 a más de 700 en 2009.

Movilidad social

Como “sacrificado”, define Alejandra Baeza (22) este ritmo de vida. Trabaja de 8.00 a 18.00 horas y entra a la UDP cerca de las 19.00, donde estudia Auditoría. Esto ha disminuido sus posibilidades de salir a fiestas. “Cuando uno se costea la carrera le toma el peso a la responsabilidad de sacarla luego y no andar en pubs”, dice.

“Ellos dan cumplimiento a sus aspiraciones en su proyecto de vida, tanto en lo personal como en lo profesional, lo que implica una importante y efectiva movilidad social y económica”, dice Güido Almagia, director de la Sede Viña del Mar de la U. Técnica Federico Santa María. Los describe como emprendedores y visionarios.

La mayoría de los alumnos vespertinos accede a créditos. En la Santo Tomás, el 41% de los estudiantes fue beneficiado con crédito con aval del Estado. La mayoría prefiere programas ligados a las ingenierías, como sucede en la Unab y en la UDP, donde la mayor matrícula se centra en Auditoría e Ingeniería en Administración.

“La disposición y actitud de estos alumnos es otra. Son comprometidos y tratan de dar lo mejor de sí”, agrega Melis.

Los planteles se adaptan

Al igual que en las carreras diurnas, los planteles tienen programas de nivelación para sus alumnos vespertinos. En la Unab cuentan con un laboratorio de Matemáticas y un sitio web para aclarar dudas.

“Matemáticas” es un curso de la UDP que cumple con este objetivo. Además, mientras cursan el primer semestre de Auditoría, quienes tengan notas inferiores a 4.0 pueden ir a talleres de nivelación. En la Unab cuentan con laboratorio de Matemáticas y un sitio web para que los jóvenes aclaren dudas.

Pero no todo es estudio. En la UDP reciben a sus alumnos vespertinos con actores que realizan trabajos de grupo para generar socialización entre éstos.

Fuente: Daniela Arce, La Tercera