La Calidad del Egresado

Por Luis Winter
Rector Universidad del Pacífico


Ya va quedando lejos el sistema de educación superior para una elite. En los últimos 20 años, el número de estudiantes de pregrado ha subido de 245.000 a más de 800.000, representando cerca de un 40% del grupo etáreo de 18 a 24 años y se  espera que hacia el 2012 dicho porcentaje alcance el 50%. El crecimiento futuro será por jóvenes de familias pertenecientes a quintiles de ingreso menores y por quienes ya están en el mundo del trabajo.

Chile llevó a cabo una primera generación de reformas educacionales focalizada a aumentar la cobertura del sistema nacional, la que pasó a ser “masiva” respondiendo a la necesidad de elevar la preparación de la juventud y con ello mejorar sustancialmente las condiciones de vida de la población. La apuesta nacional, que también responde a cánones internacionales, lleva consigo el gran desafío de su calidad y ésta, a su vez, de quienes imparten la enseñanza, de los que la reciben y de aquellos que se hacen cargo finalmente de su producto.
Actualmente Chile ha bajado en el raiting de competitividad y, de acuerdo al análisis de la OCDE/BM, el sistema de educación superior es una de las razones. Chile no ha hecho esfuerzos serios para dar una dimensión internacional al currículo, equipar a los estudiantes con destrezas que son fundamentales en una sociedad moderna, por lo que la educación superior no contribuye adecuadamente a mejorar la competitividad del país. Por lo anterior, la OCDE/BM propone para Chile una segunda generación de reformas educacionales para ser reconocido como un sistema de calidad de clase mundial.

Algunos de los problemas de la masificación dicen relación con la preparación desigual de los estudiantes que egresan de la educación secundaria y con la necesidad de nivelar en la Universidad a aquellos alumnos desaventajados con quienes no lo son, lo que obliga a emplear sistemas y métodos pedagógicos modernos por parte de profesores especialmente capacitados y sin que todo ello signifique una pérdida de tiempo para los primeros. Y lo más complicado, esforzarse porque todos los alumnos, al concluir sus estudios superiores, cumplan con el perfil de egreso de la carrera escogida según los cánones de cada institución donde realizaron sus estudios.

Lo anterior demanda de los profesores el desafío de contextualizar la enseñanza, con metodologías Enseñanza-Aprendizaje adecuadas para un contingente de estudiantes muy diversos como consecuencia de la masificación de la educación, proceso que para ser exitoso, requiere de un cambio cultural importante, desarrollar en nuestra juventud habilidades para crear un negocio, una empresa, un servicio o una actividad. Hay que reconocer que ésta no ha sido nuestra tradición ni tampoco nuestra principal motivación. El egresado normalmente sale “a buscar trabajo” a través “de tirar currículos” esperando paciente o impacientemente que lo “llamen” para largas y tediosas entrevistas. Si hasta el momento actual la empleabilidad de los egresados ha sido alta, aunque el desarrollo económico del país crezca, la empleabilidad necesariamente tenderá a bajar si no cambia la mentalidad de gran parte de los egresados que, obviamente, no podrán ser absorbidos por el número de empresas o industrias existentes aunque ellas se multipliquen.

Se requiere urgentemente enseñar a crear e innovar, enseñar a emprender y promover  un sistema que permita apoyar y premiar las habilidades innovativas y emprendedoras que constituyen la base del crecimiento económico de una nación. En definitiva se requiere un currículo flexible centrado en la adquisición de competencias que permita desarrollar en el educando la comprensión, aplicación, destrezas y  potencialidades para innovar. Un currículo que desarrolle en nuestros estudiantes habilidades trasversales, habilidades blandas, habilidades comunicativas, segundo idioma, creatividad y liderazgo.

Un esfuerzo de esta naturaleza contribuiría a dar salida natural a otro problema que se avecina, el aumento de profesionales que cada día, en menor medida, encuentran trabajo en su propio campo disciplinario. Las licencias profesionales no debieran ser tomadas solamente como requisito habilitante para desarrollarse sólo en ese campo específico sino también, y en gran medida, como una preparación educacional que facilite al que la posea, para desempeñarse mejor

La calidad del egresado y sus aptitudes para emprender constituyen los grandes desafíos del momento. Y es más, para desarrollar las habilidades de crear, innovar y emprender, hay que comenzar desde abajo.