Las etiquetas y el Guatón Loyola

Señor Director:

Siempre he asociado el 18 de septiembre con el Guatón Loyola; esa canción de Los Perlas es lo más cercano a un clásico musical chileno. Como nacido y criado en Talca, no solo en septiembre escuchaba cuecas y tonadas-junto a los infaltables corridos mexicanos de Guadalupe del Carmen, que estaba convencido era de Guadalajara o Jalisco; tuve cierta decepción años después al saber que era de Chanco, cercano a Cauquenes-. Y el pobre guatón recibía todos los puñetes, sin participar en la pelea y sin entender por qué se peleaba.

Ese recuerdo lo relaciono con muchas de las discusiones actuales, sobre todo las referidas a las reformas impulsadas por el Gobierno. Hemos desarrollado una tendencia a etiquetar al que piensa distinto, con uso inadecuado de conceptos, carencia de lógica y falta de reglas mínimas sobre lo que es un debate. Por eso, observamos que se designa a la que se supone es la posición del otro con un nombre con características casi malévolas. Un caso es aquel en que unos les gritan a otros “neoliberales”, y eso es terrible. El otro le contesta “estatista”, lo que considera horroroso.

Los proyectos de reforma educacional son una clara muestra. Han proliferado los “emplazamientos”, en que si alguien no está de acuerdo con la manera definida para llegar al objetivo, se le achaca que está en contra, violando un viejísimo principio de la lógica; es como decir que el no blanco es negro. Además, en los cambios mayores, en aquellas transformaciones que requieren tiempo para materializarse, la regla de la mayoría no es la única guía. Y no es porque la mayoría no tenga derecho a predominar, para impulsar sus ideas y proyectos.

El problema es que en un sistema democrático, para que esos cambios se estabilicen y perduren, como son grandes e importantes y tardan en generar efectos, requieren acuerdos; lo curioso o inevitable es que los más ardientes defensores de esas modificaciones al renegar de los acuerdos hacen que tengan una baja probabilidad de ser exitosos. El copago y la compra o arriendo de inmuebles en los colegios subvencionados son de aquellos que pueden tener corta vida, por la falta de una mirada equilibrada sobre la necesidad de acuerdos importantes para que sean duraderos. Se requieren cambios para mejorar nuestra educación, pero aquellos que tienen tres o cuatro décadas, que son muchos, no se puede llegar y eliminarlos. No corresponde a la realidad, y en la implementación es cuando empiezan a complicarse las cosas.

Pero ¿qué tiene que ver el Guatón Loyola? En este rodeo, combo que se pierde lo recibe el ciudadano normal, que no quiere peleas, ni gritos ni menos violencia física; desea que se resuelvan sus problemas, con cierto egoísmo, es cierto, pero vive apretado por ingresos insuficientes para lo que ha escuchado son sus derechos, y para quien vive en un país a punto de ser desarrollado. Falta entender de qué se trata la posición del otro y se carece de información sobre la realidad mundial, que muestra que la experiencia de otros países y la chilena no corresponde a esos juicios sin matices ni claroscuros. Faltan ideas basadas en la evidencia. Hay que hacer foco en las propuestas, con más análisis y planteamientos basados en situaciones reales, no en situaciones supuestas.

Hugo Lavados M.
Rector Universidad San Sebastián 

Domingo 14 de septiembre de 2014

Fuente: EMOL