Ocultamiento de resultados del Simce

Loreto Fontaine: “…Para los padres, conocer los resultados no conduce a “interpretaciones erróneas” como se sugiere, sino más bien a tomar las decisiones más acertadas. Ellos entienden que lo mejor para sus hijos es escapar de un mal colegio y necesitan toda la información para poder hacerlo….”.

 Quizás con el ánimo de disimular los efectos negativos de la reforma educacional y confundir aún más a los padres, estamos frente a una campaña de ocultamiento de los resultados del Simce. El senador Montes ha presentado indicaciones con este propósito en dos proyectos de ley, y hemos escuchado argumentos desinformados y carentes de toda lógica en apoyo de esta propuesta.

Se dice, por ejemplo, que los resultados entregan una imagen reducida de la calidad escolar, pues miden solo una porción de lo que consideramos una educación integral. Pero aun reconociendo que la imagen es parcial, ¿no es más lógico abogar, más bien, por más información y no por menos? De hecho, últimamente se ha incrementado de manera significativa la información disponible, pero no se le ha dado la difusión que merece. Este año la Agencia de Calidad dio a conocer, por primera vez, una evaluación integral de los establecimientos. Además del Simce, incluye otros ocho indicadores de calidad, tales como formación ciudadana, autoestima y convivencia. Este hecho ha pasado prácticamente desapercibido, quizás también resultado de la campaña de desinformación que se ha iniciado.

También se sostiene que la comparación pública genera malas prácticas en los colegios. Una de ellas sería la reducción del currículum, pues, se piensa, se tiende a enseñar solo lo que se evalúa. Este efecto es un riesgo conocido de las evaluaciones y se combate justamente procurando que las pruebas reflejen el currículum en su totalidad. El Simce ha hecho grandes esfuerzos en este sentido, avanzando hacia una cobertura cada vez más completa de las disciplinas. Por otra parte, creo que el tema debe examinarse desde el ángulo opuesto: ¿qué certeza habría de cubrir todo el currículum si no existe una evaluación pública de este?; si se tiende a enseñar más lo que se mide, ¿cuánto más se reduciría si la medición no fuera transparente?

Otra mala práctica causada por la divulgación del Simce sería la selección de estudiantes por criterios académicos. No hay muchos datos para sustentar esta afirmación. De hecho, el sistema tiene un exceso de vacantes, los colegios tienen incentivos económicos para llenarlas y no se ha comprobado la existencia de un gran número de rechazos. Es más, el éxodo masivo desde la educación municipal a la particular subvencionada no habría sido posible si esta hubiese sido muy selectiva. Todo indica que, en general, los procesos de admisión, lejos de ser exigentes, han sido más bien permisivos.

Otro argumento sostiene que los resultados son equívocos, pues la comparación mostraría solo diferencias de capital cultural que traen los alumnos de su hogar. Este argumento ignora que hay escuelas más efectivas que otras, es decir, que atendiendo a alumnos de igual nivel socioeconómico, logran mejores aprendizajes. Por ejemplo, el estudio de Henríquez, Lara, Mizala y Repetto, (2010) muestra un grupo de escuelas particulares subvencionadas con alumnos de bajos ingresos y cuyos resultados superan con creces a sus pares, asemejándose a las escuelas privadas. Dada esta realidad, parece lógico que los padres conozcan no solo los resultados de su propio colegio, sino también quién ofrece mejores oportunidades de aprendizaje a sus hijos. También parece lógico reconocer a estas escuelas, en lugar de ocultarlas.

Se critica, por último, el efecto de los rankings . Esto es más mito que realidad, ya que no hay un ranking de resultados del Simce. La Agencia de Calidad entrega los resultados de cada colegio en su página web en un listado comunal y se accede por el nombre del colegio. El mismo listado se publica por una sola vez en un medio escrito. La ordenación de escuelas realizada por la Agencia tampoco es un ranking . Es una clasificación en cuatro grupos, altamente compleja, basada en múltiples factores, incluyendo el socioeconómico y que es valiosísima para orientar políticas de apoyo y presión. Esperamos que no se pretenda también ocultar esta información.

Por cierto, hay mucho espacio para mejorar el Simce y las prácticas de los colegios en torno a él. Pero los resultados no son dañinos ni inducen a engaño. Si se le da la oportunidad, todo niño, cualquiera sea su nivel socioeconómico, puede lograr los aprendizajes básicos que el Simce mide; una escuela con bajo Simce, simplemente no asegura a sus estudiantes esa oportunidad. Quienquiera que conozca de cerca colegios de muy bajo Simce sabe que sus problemas no radican en la condición social del alumnado, sino en graves deficiencias de docencia y de gestión. Para los padres, conocer los resultados no conduce a “interpretaciones erróneas” como se sugiere, sino más bien a tomar las decisiones más acertadas. Ellos entienden que lo mejor para sus hijos es escapar de un mal colegio y necesitan toda la información para poder hacerlo.

Loreto Fontaine
Fuente: EMOL