Reformas universitarias

Señor Director:

De pronto, recordar puede ser útil. Ahora que ha vuelto a la palestra la discusión sobre el ser más propio de la universidad, vale la pena volver al pasado, aunque solo sea acerca de un tema específico. Diálogos y definiciones de tiempos pasados pueden aportar alguna luz para el presente. El asunto que estaba sobre la mesa era la relación de la universidad y la sociedad.

Había algunos que planteaban una autonomía, que podríamos llamar absoluta, y que daba cuenta de una universidad cerrada sobre sí misma, independiente de cualesquiera factores o agentes externos a ella.

Había otros que sostenían la total dependencia de la universidad respecto de las realidades sociales que el país estuviera viviendo.

Y, siguiendo una reflexión hecha con entera seriedad, cambiamos el nombre de la vicerrectoría “de extensión”, que era lo que la universidad podía ofrecer a la sociedad, sin tomar en consideración los desafíos que esta estaba experimentando, por el de vicerrectoría “de comunicaciones”. Entendíamos así que, por una parte, salvábamos la necesaria autonomía para la investigación científica y, por otra, abríamos un gran espacio para escuchar y acoger las inquietudes y búsquedas de lo que llamábamos “donde la universidad está inserta”.

Empleamos, entonces, el concepto de autonomía solidaria. De este modo, pretendíamos recoger ambos polos de la discusión, que no se contradecían unos con otros, sino más bien se complementaban en una dialéctica fecunda.

Quizá el esfuerzo de reflexión de ese entonces pueda servir también para ofrecer alguna luz a otras discusiones que, en la medida que se ideologizan y se extrapolan, dificultan la búsqueda de todos en procura del bien común.

Percival Cowley V. ss.cc.

Fuente: Emol