Ricardo Israel: La calidad sigue siendo asignatura pendiente

La necesaria reforma educacional tiene desafíos pendientes. Entre los más importantes figuran la educación pública y la calidad, ya que es difícil que se logren los objetivos propuestos sin avanzar en lo anterior. Y que están relacionados se demuestra en las propuestas para que los nuevos Centros de Formación Técnica, Institutos Profesionales y universidades regionales reciban autonomía inmediata sin pasar por el proceso de licenciamiento que demora varios años (puede llegar a entre seis y once), y a través del cual el Consejo Nacional de Educación va acompañando y asegurándose que cuentan con la calidad suficiente para entregar autonomía a instituciones, que desde ese momento van a poder crear e iniciar las carreras y estudios que estimen convenientes.

Creo que se ha equivocado el procedimiento. Lo que se debe buscar es que las nuevas que se creen, se propongan desde el principio ser los mejores, y no rebajarles las vallas que deben cumplir otros. La creación por ley no debe ser una ocasión para disminuir las exigencias, sino por el contrario, verlo como una oportunidad para que las nuevas instituciones regionales desde el primer día sean motivo de atracción y retención de recursos humanos calificados, que es lo mejor para asegurar la descentralización y la igualdad territorial.

En efecto, todos quienes hemos participado en procesos de licenciamiento o acreditación, dentro o fuera del país, ya sea como par evaluador, en las comisiones respectivas, o al interior de las instituciones de educación superior, sabemos la importancia para éstas, ya que pocos procesos tensionan de tal forma a las instituciones y sus docentes, obligando a mejorar, consiguiendo la superación de problemas, la inversión de mayores recursos y un mejoramiento de sistemas de enseñanza, procedimientos administrativos, bibliotecas, laboratorios y un largo etcétera, que redundan en beneficio de la calidad educativa y, sobre todo, de lo que se entrega a los estudiantes. Lo saben también quienes han fracasado en este propósito por la forma como afecta a todo el proyecto educativo.

No parecen conocerlo quienes han hecho las propuestas de nuevas instituciones saltándose estos necesarios pasos, ya que se puede conseguir el objetivo contrario al esperado. En efecto, si no se aborda este tema, el resultado va ser inevitablemente lo que ocurre en todas partes del mundo: el nacimiento de instituciones de primer y segundo nivel para estudiantes y la comunidad académica. La segunda busca el prestigio como pocos otros oficios, y hoy, mucho más que en el pasado, los estudiantes y sus familias eligen intentando lograr la mayor información posible.

En otras palabras, crear instituciones de educación superior por ley, sin exigirles el licenciamiento que se les pide a todos, es partir con instituciones que desafortunadamente van a ser percibidas no sólo como de inferior calidad, casi de segunda categoría, sino que van a ayudar poco a los lugares donde se instalen, ya que rebajando las exigencias (lo mismo para las privadas), va a perjudicar en definitiva a los estudiantes más pobres que van a ser los alumnos, ya que si no tienen prestigio, la elite local va a seguir emigrando a Santiago.

Que el tema de la calidad está pendiente se notó también en una experiencia que he destacado muchas veces como exitosa: los diálogos convocados por el Mineduc, al menos en lo que se discutió en educación superior.

De hecho, Chile tiene experiencia desde hace muchos años en cuanto a que la calidad es la única forma de lograr una mejor descentralización y oferta educativa, con los muy exitosos casos de universidades que siendo privadas son un orgullo regional y nacional, dado su muy alto nivel, como es el caso de las universidades Austral y de Concepción, donde quienes allí viven buscan como primera opción ingresar a universidades que sienten como propias, dada la función pública que cumplen.

Es la relación que no han logrado la mayoría de las universidades que surgieron en los 80 de la fusión de las Universidades de Chile y la entonces Técnica del Estado, y en los 90, de la Universidad Católica, que aunque buscaron el licenciamiento, en más de un caso no han podido convertirse en referentes, como sí lo hicieron la Austral y la de Concepción (son más antiguas, eso sí), y la de Talca, entre las más nuevas.

Estudiantes Universitarios

Lo primero que hay que decir, es que esta breve historia muestra que no es un tema de públicos y privados, sino de país, y por ello, si se van a crear por ley, el objetivo debe ser el contrario: buscar desde el primer día la mayor calidad y no rebajar las exigencias. Que las nuevas instituciones tengan el apoyo de una universidad estatal no asegura nada, ya que más allá del evidente conflicto de intereses (¿cómo una institución madre va a decir que su retoño no es el mejor de todos?), hay ejemplos de universidades estatales que han tenido acreditación, pero no la han logrado para los Institutos Profesionales de su propiedad.

Mi propuesta es la contraria: generar instituciones públicas de tal calidad que garanticen tanto la retención como la atracción de los mejores, partiendo por el capital humano que existe en la región y que no debe emigrar para no volver. En otras palabras, que desde el primer día se incentive que los profesionales se queden o regresen a sus regiones de origen, y que las instituciones de educación superior que allí existen entreguen ofertas educativas acordes a la situación local, y que en investigación intenten convertirse en quienes más sepan sobre esa realidad, sea en la Patagonia o en el desierto nortino, para ser referentes internacionales sobre la materia.

Fuente: LaTercera