Selección e inequidad

Señor director:

El número de palabras que escucha un niño en sus tres primeros años de vida determina, en gran medida, el nivel de educación que alcanzará el resto de su vida. Es por eso que un niño de nivel socioeconómico  bajo llegará al primer grado con un vocabulario de unas 500 palabras,  y uno de nivel alto ingresará a la escuela  conociendo 3.000 a 4.000 palabras. Esta brecha  permitirá que el segundo pueda leer frases sencillas  al final del primer año, mientras el primero no.

Al llegar al cuarto grado, la mayor parte de los que fueron capaces de  leer frases sencillas  al final del primer año tendrá un nivel aceptable de comprensión de lectura, mientras que el otro grupo no comprenderá los mensajes que encierran los signos del texto que leen.

James Heckman (Nobel de Economía, 2000) ha demostrado que en Estados Unidos este tipo de diferencias tiende a mantenerse hasta el final de la educación media. Esto implica que hay un sistema de selección implícita (por los conocimientos que adquiere cada niño), que queda en evidencia cuando el alumno deja de aprender porque no tiene el conocimiento previo necesario para un nuevo aprendizaje. ¿Es prioritario dar oportunidad de ingresar a todos los niños al siguiente nivel (aunque no lograrán aprender), o se debe asegurar que la mayoría alcance los conocimientos previos necesarios para el próximo aprendizaje?

Gran parte de los niños podría leer al final del primer grado (y continuar desarrollando su comprensión lectora en los grados siguientes), si en ese momento los atendiera el mejor profesor que tenga la escuela para enseñar a leer. Resuelto el problema de iniciarse en la lectura podrían continuar avanzando y, en ese caso, tendría sentido facilitar su ingreso al siguiente nivel.

La selección al azar sólo beneficiará a los que tuvieron la suerte de nacer en una familia que ofreció  una buena estimulación inicial.

Ernesto Schiefelbein
Rector Universidad Autónoma
Premio Nacional de Educación

Fuente: La Tercera