¿Una nueva clasificación para las universidades?

Artículo de Ramón Berríos, vicerrector de la sede Santiago de la Universidad San Sebastián, en el que se plantea la necesidad de reagrupar las universidades de forma diferente en función de sus distintos roles.

Si nos sumamos a la tesis de que en Chile a mayor capital cultural y económico se obtienen mejores puntajes en la PSU, sumado al hecho de que este grupo posee un acceso privilegiado a la información, entonces podemos sostener que los estudiantes que integran este selecto universo, sin duda, escogerán las universidades de mayor calidad de este país. ¿Qué ocurrió con los resultados del proceso de selección pasado? Del conjunto de 33 universidades participantes en el sistema integrado de selección, sólo 7 de ellas obtuvieron un puntaje promedio PSU mayor a 605 puntos, o sea, conforme a nuestra tesis inicial, podríamos asegurar que esas universidades están seleccionando a los estudiantes de mayor nivel socioeconómico y cultural.

¿Qué universidades escogieron dichos jóvenes? Tres universidades privadas tradicionales, tres universidades privadas no tradicionales y una estatal. Basado en estos antecedentes, definitivamente se debe replantear el paradigma de asociar la tradición o la categoría de pública de una universidad al concepto de calidad, así como también deberíamos dejar de utilizar en la calificación de calidad de las universidades, el anacrónico concepto de academia que nos acompañó mientras tenían acceso a la educación superior universitaria solamente la elite de este país.

Los tiempos han cambiado, no apreciar la nueva realidad y rol de la educación superior es una utopía, por tanto sería conveniente pensar en reagrupar universidades de manera diferente, a objeto de definir un trato y roles distintos, a manera de ejemplo: Universidades altamente selectivas o complejas, las cuales desde luego – si desean asumir compromisos con el Estado – deben contar con aporte fiscal especial acorde a su cualificación y sistema de financiamiento privilegiado para alumnos provenientes de los primeros quintiles (gratuidad total y becas de manutención); Universidades que cumplen una función pública y nivel de compromisos acordados con el Estado, lo cual les permite obtener aporte fiscal directo para docencia, Investigación aplicada de relevancia regional y/o nacional y vinculación con el medio;

Universidades sin aporte fiscal directo las cuales podrán participar de fondos concursables en las áreas en que se encuentren acreditadas y, por último, Universidades estatales de selectividad mediana o no selectivas, con compromiso regional y financiamiento estatal otorgado por cumplimiento de metas de desempeño.

Obviamente, el sistema debe contemplar créditos subsidiados – basta con las condiciones actuales del CAE – para estudiantes no beneficiarios de gratuidad y obligatoriedad de acreditación para todas las instituciones.