Una oportunidad perdida

Harald Beyer: “Los criterios de definición de los aranceles regulados son inciertos y basados en modelos de costo que, en este ámbito, son muy imperfectos. Baste pensar que un programa puede ser de muy bajo costo, pero no agregar ningún valor a la formación de un estudiante”.

 El desarrollo de nuestro sistema de educación superior depende no solo del financiamiento de la docencia, sino también del de la investigación. En ambos frentes el proyecto de ley de educación superior deja mucho que desear. Los ingresos futuros por docencia quedan marcados por una gran incertidumbre.

Los criterios de definición de los aranceles regulados son inciertos y basados en modelos de costo que, en este ámbito, son muy imperfectos. Baste pensar que un programa puede ser de muy bajo costo, pero no agregar ningún valor a la formación de un estudiante. En cambio, otro programa puede ser de alto costo y, sin embargo, agregar mucho valor al estudiante. El modelo definido por el proyecto privilegiará la primera situación.

El incipiente desarrollo de nuestro financiamiento institucional sufre un gran embate en este proyecto, abriendo una enorme incertidumbre respecto de su asignación y dejando ello en manos de reglamentos que siempre corren el riesgo de ser discrecionales. Además, al estar su disponibilidad condicionada por la necesidad de asegurar gratuidad, contará con pocos recursos adicionales, tal como revela el informe financiero que acompaña el proyecto. No es claro, entonces, cómo se podrán allegar más investigadores a las instituciones chilenas y también realizar más creación e investigación de punta. Así, el progreso de nuestras mejores universidades, incluidas las estatales, quedará hipotecado por un largo tiempo. En todo caso, no se podría esperar otra cosa, porque si de algo carece el proyecto, es de una visión de largo plazo.

Si se consideran la maraña burocrática que crea el proyecto y las tareas de dirección que a través de diversas vías se le asignan a la nueva Subsecretaría de Educación Superior, esa posibilidad se ve aún más remota. Nuestro sistema de educación superior merece un conjunto de políticas de mejor calidad que las que deja entrever el proyecto.

Cabe esperar que en la tramitación en el Congreso las deficiencias se reparen. En caso contrario, tendremos un sistema extraordinariamente chato.

Harald Beyer
Ex Ministro de Educación
Director del Centro de Estudios Públicos 
Fuente: El Mercurio