Con una inédita iniciativa de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, adultos mayores vuelven a la universidad. Programas con actividades intergeneracionales y certificación, cursos sobre ciencias sociales, artes y humanidades pensados específicamente para ellos/as, dictadas por académicos y académicas de renombre, devuelven a la vida estudiantil a los adultos y adultas mayores.

Chile envejece rápidamente. Mientras el Instituto Nacional de Estadísticas revela que la esperanza de vida en nuestro país se triplicó desde comienzos del siglo XX, otras proyecciones indican que el 2050 las personas mayores de 65 años representarán el 25 por ciento de la población. Este proceso de envejecimiento, que ha ampliado la brecha en el trato digno a este grupo etario, encuentra en la falta de oportunidades de crecimiento activo una necesidad creciente.

La inactividad y marginación de muchos/as de ellos/as, considerados por la institucionalidad como «sector pasivo» y otros estereotipos, generan sus propias externalidades. La OMS incluso anunció su intención de clasificar la vejez como una enfermedad a partir del año 2023. La Universidad Academia de Humanismo Cristiano se ha vinculado a estas problemáticas a través de acciones de sus servicios comunitarios, la investigación y publicaciones diversas, iniciativas a las que se suma hoy el innovador proyecto Academia para Mayores.

El decano de la Facultad de Artes, Hugo Osorio, impulsor de esta iniciativa, la describe como una oferta de educación continua diseñada específicamente para personas mayores, que toma en cuenta sus experiencias, intereses y complejidades. Es decir, en lugar de la oferta recurrente de talleres domésticos o de mera ocupación como la que ofrecen municipalidades, fundaciones y otras casas de estudio, la Academia (UAHC) plantea actividades intergeneracionales con certificación universitaria.

Considera una primera fase de cursos sobre cine y documental biográfico, teatro aplicado, actualidad política, talleres de sexualidad, radioteatro y talleres de memoria e historia de vida, conducentes la mayoría de ellos a diplomados sobre Cultura y Sociedad o Prácticas Artísticas, entre otros. Se suman cátedras dictadas por Premios Nacionales como el arquitecto Miguel Lawner o el sociólogo Tomás Moulián, y actividades intergeneracionales como huertos urbanos, ciclos de cine y conversatorios sobre temáticas contingentes.

“Este proyecto considera la Declaración Mundial sobre la Educación Superior de la UNESCO que en 1998 puso énfasis en mecanismos para integrar a los y las adultos/as con programas flexibles, dedicados especialmente para ellos/as como los que propone hoy la Academia.

“En este sentido integrador, la Academia para Mayores, que se lanzará a comienzos de octubre, contará con distintas alternativas de conectividad presencial y semipresencial, así como talleres de alfabetización digital para sus estudiantes, en consideración a la situación sanitaria”, explica Alicia Sanchez, coordinadora del Programa Especial de Formación Continua de la Academia: “También contará con un consejo integrado por personalidades del mundo social, cultural y académico, como el historiador José Bengoa, el ex diplomático Luis Maira y la presidenta de la Corporación Ciudadanía y Justicia, Loreto Hoecker, entre otros/as”.

La propuesta pone a los y las adultos mayores en el radar de una sociedad que los ha ignorado históricamente, pese al auge que viven desde 1973 las “universidades del tiempo libre”, creadas por el profesor de derecho internacional Pierre Vellas en Francia, cree el rector de la UAHC, Álvaro Ramis.

“Muchos países que ya vivieron el aumento en sus tasas de envejecimiento han desarrollado programas relevantes de formación para las personas mayores, y la habilitación para el ejercicio de sus derechos plenos”, destaca sobre el caso de universidades populares ligadas a los municipios de España, Bélgica, Holanda en Europa; o en Brasil, Uruguay, Venezuela y Argentina dentro de nuestra región.

El fin del sector pasivo

Elsa Rivera (83) jubiló como profesora de química en escuelas vulnerables hace 20 años. Hoy asegura que ella y otros profesionales podrían seguir activos en la sociedad si se implementaran políticas de Estado que brinden esos espacios. Hoy, como parte de la Red de Observatorios de Personas Mayores, que colabora con la Academia para Mayores de la Academia (UAHC), destaca el aporte de este proyecto a nivel intergeneracional.

«Hasta ahora los adultos mayores hemos sido tratados no como sujetos de derecho, sino como sujetos de compasión. Los servicios de gobierno tampoco nos consideran como lo que realmente somos y nos restringen a talleres de repostería, fiestas y paseos. Realmente no estamos aportando a la comunidad, sino quedándonos en una inercia que sólo nos lleva a la tumba», afirma.

El profesor Osorio se muestra optimista sobre la oportunidad de reinsertar a estas experimentadas personas en el camino de la educación superior y el desafío intelectual de mallas curriculares del área artística o los estudios sociales latinoamericanos, propios del sello de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. “Sin duda será interesante que ellos regresen a la rutina universitaria o la experimenten por primera vez. Es un círculo virtuoso el de la participación y contacto del adulto mayor con jóvenes de pregrado que también tienen muchos deseos de saber”, comenta.

La profesora Elsa Rivera cree que estas interacciones pueden ofrecer el catalizador necesario a un país que vive un proceso de regeneración.

“Nuestra propuesta es actualizarnos en lo que podemos ser de utilidad para los procesos que vienen, para recuperar y restablecer el tejido social extraviado en el camino hacia el supuesto desarrollo. Un camino es la educación humanizada, salir del paradigma del tener y avanzar a uno del ser, pero con identidad. Nuestra experiencia puede ser un espejo para la juventud, un parámetro para visualizar una vida mejor para ellos y el país”, opina.

Algunos participantes de la Academia para Mayores ya han trabajado antes con el Centro de Intervención Social (CEIS), servicio comunitario de la Academia (UAHC) que opera con la población mayor y que, en los últimos meses ha realizado iniciativas de huertos urbanos intergeneracionales, talleres de radioteatro y conversatorios en terreno para fortalecer la interacción social.

“El CEIS tiene un largo trecho con la comunidad y queremos aprovechar esta experiencia como garantía para un programa que recoja mucho de lo que hemos avanzado con las carreras de Teatro o Trabajo Social, por ejemplo”, señala el decano de la Facultad de Artes.

La trabajadora social Viviana Abarca, coordinadora del CEIS, cree que el sello de la Academia para Mayores reside en ver al otro no cómo un beneficiario que requiere ayuda o forma parte de un grupo vulnerable, sino cómo un actor político y social plenamente activo. “La idea es incorporarlos para que puedan proponer temáticas en los contenidos”, y generar una masa crítica que permita extender el número de agrupaciones con un enfoque similar.

“Esperamos que este proyecto ofrezca un programa de formación continua que permita a las personas mayores fortalecerse como sujetos de derechos y como protagonistas de instancias de superación personal y capacitación, pero por sobre todo, de iniciativas colectivas ante una falta de valoración en sus capacidades que se da en muchas dimensiones”, sostiene el rector Ramis.

Dimensiones como pensiones paupérrimas, casos de abandono o un trato paternalista para con ellos, considera el profesor Osorio, quien rescata que se sigan abriendo espacios como estos. “Aunque todo Estado es responsable de ello, estamos sentando un precedente para la generación de políticas que mejoren la participación, la inclusión y la calidad de vida de las personas. Hay que mirar hacia nuevas formas para el desarrollo intelectual de este grupo para olvidarnos de nomenclaturas como el jubilado que cumplió un ciclo o el denominado “sector pasivo” de la población”, explica.

“Creemos que los ciclos se cumplen para desarrollar otros nuevos, como el ciclo educativo que en el ser humano jamás acaba, sino que continúa y, para eso, lo que debe concluir es una política tradicional que los margina y aísla”, concluye.