Con el título “La curiosidad como motor de la ciencia” el comunicador científico Gabriel León nos pone en el escenario para entender el cómo desde la pregunta correcta  ya podemos empezar a producir conocimiento.

“¿Qué es la ciencia?”, fue la pregunta con la cual Gabriel León empezó a acercar a la audiencia al tema, Parece simple, pero rara vez nos planteamos esta duda. Continuando con explicar que la ciencia “no es la verdad” y no se relaciona necesariamente con la producción de insumos como medicamentos, avances tecnológicos o innovaciones ecológicas. 

Rompiendo el mito algunas ideas sobre la ciencia y los científicos de bata blanca, el expositor explicó que la ciencia se da en cualquier ámbito, ejemplo de esto, los estudios de sociólogos que estudian fenómenos u otros. “La ciencia no ocurre en un lugar en particular”, aclaró.

Para ejemplificar algunas ideas preconcebidas sobre ciencia y científicos, Gabriel León habló de las noticias científicas. A modo de ejemplo, escogió el titular “La NASA descubrió 219 exoplanetas y entre ellos 10 son similares a la Tierra” y explicó que al leer algo así, da la sensación de que un astrónomo o astrónoma iba caminando por la NASA “se tropezaron en el pasillo y encontraron estos cuerpos celestes” y, además, “no hay forma de saber que hay un ser humano involucrado en este hallazgo”, agregó.

Siguiendo con la idea de acercar la ciencia a las personas y dejar de lado algunos estereotipos sobre ser científico que, de entrada, “en castellano ya tiene una trampa esta palabra, porque tiene género y es masculino”, entonces por eso a uno se le viene a la mente un hombre o incluso, puntualmente Einstein.

El científico moderno que muchas veces presentan los medios es muy inteligente, pero extravagante, socialmente torpe y de gustos raros. Hay muchos tipos de científicos, hombres, mujeres, de distintas ramas del saber y de distintas edades. Por eso mismo, enfatizó en un importante estereotipo: “hay que ser súper inteligente para ser uno”, sin embargo, dice que si preguntara a sus colegas, estos no podrían la inteligencia en primer lugar, sino que sería la curiosidad, “ese deseo irrefrenable por tratar de entender algo que es raro o curioso”, aclaró.