Por Santiago González Larraín, rector de la Universidad Central y director de la Corporación de Universidades Privadas

Con el reciente nombramiento del académico Víctor Orellana en el cargo de subsecretario de Educación Superior se inicia una nueva etapa en la relación entre el Gobierno y las instituciones de educación superior.

El subsecretario Orellana, al igual que su antecesora, se ha dado el tiempo para reunirse con las organizaciones que agrupan a las universidades chilenas, transmitiendo un mensaje claro y esperanzador; también con la Corporación de Universidades Privadas (CUP), donde manifestó una clara disposición a trabajar con todas las universidades, valorando el sistema de educación superior mixto que existe en nuestro país y mostrando conocimiento y claridad respecto de los desafíos que debemos enfrentar.

Uno de los aspectos planteados al subsecretario en la reunión con la CUP fue la preocupación respecto del proyecto de condonación del CAE y el aumento de la morosidad en el último año, la cual ya superó el 50%. Mantener este proyecto sin una definición conlleva un perjuicio para las universidades, ya que como todos sabemos, parte importante de los créditos impagos de los estudiantes que han desertado de la educación superior deben ser reintegrados por las universidades a los bancos, a requerimiento de la Comisión Ingresa. Esto conlleva una carga financiera adicional a las instituciones que podría ir peligrosamente en aumento, en la medida en que no exista una definición sobre este tema, y los deudores, ante la incertidumbre respecto de una eventual condonación, dejen definitivamente de pagar sus créditos, como se aprecia que ya está ocurriendo.

No cabe duda de que el subsecretario Orellana tiene este tema como prioridad en su agenda, ya que urge definir un sistema de financiamiento de la educación superior acorde con los desafíos que tenemos como país y las necesidades de nuestros estudiantes, y en ello ofrecemos toda nuestra colaboración para avanzar en la definición que el sistema necesita.

Fuente: El Mercurio