Por Cristian Nazer Astorga, Presidente de la Corporación de Universidades Privadas (CUP) y Rector de la Universidad Finis Terrae

El nuevo proceso constituyente chileno entra en una etapa fundamental, pues las personas podrán hacer suya esta instancia a través de diversos mecanismos de participación ciudadana.

Confiamos plenamente en que sean espacios fructíferos, respetuosos y pluralistas, que nos permitan fortalecer nuestra capacidad de diálogo y deliberación. Es precisamente lo que necesita el país para consensuar una Carta Magna que propicie una ‘hoja de ruta’ para los próximos 30 o 40 años.

Por supuesto que las instituciones de educación superior, independientemente de su condición o naturaleza, son espacios propicios para conducir con éxito este proceso de participación ciudadana.

Las universidades tienen el deber de aportar en este nuevo proceso constituyente, no solo desde la coordinación para la participación ciudadana o con la facilitación de instalaciones e infraestructura, sino que pueden contribuir con una visión técnica, académica y especializada, de mediano y largo de plazo, para la generación de conocimiento e insumos que impulsen el debate del país que queremos construir.

Creemos firmemente en que los habitantes del país sabrán expresar con respeto y altura de miras sus visiones, demandas y legítimas aspiraciones sobre el modelo de sociedad que Chile requiere para alcanzar su tan anhelado desarrollo.